Da ficção científica à realidade: as tecnologias dos Jogos Olímpicos de Tóquio 1964

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De la ciencia ficción a la realidad: las tecnologías de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964

La primera edición de los juegos celebrados en Tokio permitió mostrar un Japón abierto al mundo, pacífico y tecnológico

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Tokio acogió la primera edición de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos en 1964

Los grandes eventos han transformado la capital japonesa, con mejoras en varias áreas

Este año, Tokio será sede de los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos y tiene la expectativa de brindar al mundo algunos atisbos de lo que será el futuro. El evento presentará, entre tantos otros avances tecnológicos, una enorme variedad de robots que podrán recoger objetos, recibir a los atletas, interactuar con los niños y ayudar a las personas con movilidad limitada. Para Japón, será la oportunidad de exhibir el evento deportivo más inteligente de la historia.

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La inspiración para la previa futurista viene del propio pasado. Más precisamente, del año 1964, cuando la capital japonesa recibió los Juegos Olímpicos por primera vez. En aquella época, Japón se recuperaba de los daños de la Segunda Guerra Mundial y un gran evento polideportivo fue la oportunidad de que el país se reconstruyera y exhibiera una identidad renovada al mundo.

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Japón había sido elegido como la sede de las Olimpiadas de 1940, pero el estallido de la Segunda Guerra hizo que el evento tuviera que posponerse. El anuncio de una nueva edición se dio en 1959 y Japón, una vez más, fue elegido. Durante esos cinco años de preparación, el país puso en práctica un gran plan urbanístico para mostrar cuán avanzada podría ser su capital. Las arquitecturas de muchos lugares de la competencia, como el Gimnasio Nacional Yoyogi y el Gimnasio Metropolitano de Tokio, recibieron una estética inspirada en la ciencia ficción, con formas osadas, muchas veces minimalistas, y líneas redondeadas.

Pero las innovaciones no se limitaban a los lugares deportivos. Las Olimpiadas de 1964 también aceleraron el desarrollo de Tokio como centro turístico. Se realizaron para el evento muchas mejoras en las carreteras y en los medios de transporte, proyectos de hospedaje para turistas, desarrollo del puerto y expansión del sistema de aguas residuales de la capital. Nada de ello hubiera surtido efecto para mejorar la imagen del país si dichas conquistas no fueran transmitidas a nivel mundial. Por eso, por primera vez en la historia de las Olimpíadas, el alcance de la transmisión vía satélite llegó a más de un tercio del mundo. A través de sus pantallas, los espectadores observaron recursos inéditos, como imágenes en vivo, sonido ambiental, tableros con datos sobre los atletas y cámara lenta.

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Para recibir al mundo, Japón también construyó una torre de comunicación de 333 metros de altura, la Tokyo Tower, un símbolo de la ambición tecnológica del país, y presentó su gran atracción de movilidad, el Shinkansen, su famoso tren bala. El transporte conectaba Tokio con Osaka a una velocidad de 200 kilómetros por hora, lo que representaba el doble de la eficiencia de un tren normal. Las imágenes del Shinkansen impresionaron al mundo antes y después de la competencia. De esta manera, se transformó en la marca del evento y de un nuevo Japón abierto al mundo, pacífico y tecnológico.

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Tokio 1964 también llevó innovaciones importantes al interior de los juegos. La empresa de relojes Seiko, encargada de cronometrar los tiempos de los atletas, unió el tiro de partida con un reloj calibrado y una cámara para registrar la llegada de los corredores. Ese invento permitió grabar resultados con precisión y establecer diferencias de centésimas de segundos. Como consecuencia de todo lo anterior, Japón dejó como herencia olímpica una necesidad de buscar la mayor eficiencia posible.

Para el 2021, Japón promete cumplir el compromiso con la innovación que estableció años atrás. Claro está que los contextos de 1964 y 2021 son muy diferentes. Japón está lejos de ser una nación en reconstrucción como lo era tras la Segunda Guerra: después de ser sede de Tokio 1964, el país se transformó en una potencia tecnológica y un destino turístico sumamente anhelado. No obstante, la pandemia de coronavirus dejó una cicatriz profunda en la humanidad y el mensaje anterior de que la tecnología puede ayudar a crear un mundo más solidario tal vez haga eco ahora. Prueba de ello es que muchos lugares de competencia considerados futuristas en 1964, como el Gimnasio Nacional Yoyogi, serán escenario de nuevos espectáculos en 2021. Después de todo, en Tokio pasado y futuro, así como tradición e innovación, se dan la mano.

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